viernes, 16 de octubre de 2009

El fin del mundo, desde el punto de vista de Michael Crichton

ichael Crichton (1942-2008) fue un médico, escritor y cineasta estadounidense difundido porque fue considerado el iniciador del estilo narrativo llamado tecno-thriller. Si tenemos que citar algunas de sus obras llevadas a la pantalla grande (en total doce) podemos citar:
  • Jurassic Park (1993)
  • Congo (1995)
  • Twister (1996)
  • El Mundo Perdido, Jurassic Park II (1997)
Y es sobre la primera obra citada de donde extraigo la cita de su texto y un análisis científico del conocido y temido "Fin del Mundo".


Antecedentes: Ian Malcom ha sido atacado por un Tiranosaurio que se vio liberado al cortarse el suministro de energía por el fraude de uno de los empleados del parque. John Hammond está junto a él en su lecho donde reposa.
Se produce la siguiente conversación:
—Bueno —dijo Hammond —, no se escaparon ni invadieron el mundo.
Malcom se reclinó sobre uno de los codos.
—¿Estaba usted preocupado por eso?
—Es indudable que eso era lo que estaba en juego —aseguró Hammond —: esos animales, al carecer de depredadores, podrían haber salido y destruido el planeta.
—Pedazo de idiota egomaníaco —dijo Malcom, preso de furia —. ¿Tiene alguna idea de lo que está diciendo? […] No puede destruir este planeta. Ni siquiera se podría aproximar a hacerlo. […] Permítame decirle algo respecto de nuestro planeta: tiene cuatro mil millones y medio de años de antigüedad. Hubo vida durante ese tiempo, prácticamente: tres coma ocho millones de años. Las primeras bacterias. Y, más tarde, los primeros animales multicelulares; después, los primeros seres complejos, en el mar, sobre la tierra. Después de grandes eras con predominio de animales: los anfibios, los dinosaurios, los mamíferos, cada una durando millones y millones de años. Grandes dinastías de seres que surgían, florecían y morían.
» Todo está ocurriendo con el telón de fondo de levantamientos continuos y violentos de la corteza terrestre, de cordilleras montañosas lanzadas hacia lo alto y desgastadas por la erosión, impactos de cometas, erupciones volcánicas, océanos que ascendían y descendían, continentes enteros se desplazaban… […]
—El mero hecho de que haya durado mucho tiempo no significa que sea permanente. Si hubiera un accidente producido por radiación atómica…
—Vamos a suponer que la hubiera —interrumpio Malcom —. Digamos que tenemos un accidente grave de verdad, y que todas las plantas y todos los animales murieran, y que la Tierra estuviera crepitando como una brasa ardiente durante cien mil años: la vida sobreviviría en alguna parte, bajo el suelo o, a lo mejor, congelada en el hielo ártico. Y después de todos esos años, cuando el planeta ya no fuera inhóspito, la vida nuevamente se diseminaría sobre él. Y el proceso evolutivo comenzaría  una vez más. Podría ser que se tardara algunos miles de millones de años para que la vida recupere su variedad actual. Y, claro está, sería muy diferente de lo que es hoy. Pero la Tierra sobreviviría a nuestra insensatez. Sólo nosotros —completó —creo que no lo haríamos.
—Bueno, si la capa de ozono se adelgaza más… —comenzó Hammond.
—Habría más radiación ultravioleta que llegará a la superficie del planeta. ¿Y qué?
—Pues eso ocasionaría cáncer de piel. […]
—La radiación UV es buena para la vida. Es energía poderosa. Promueve la mutación, el cambio. Muchas formas de vida medrarán con más radiación UV.
—Y muchas otras fenecerán —replicó Hammond.
Malcom suspiró.
—¿Cree que ésta es la primera vez que algo así ocurrió? ¿No sabe nada del oxígeno?
—Sé que es necesario para la vida.
—Lo es ahora, pero el oxígenos es, en realidad, un veneno metabólico; es un gas corrosivo, como el flúor, que se usa para grabar vidrio. Y cuando el oxígeno lo produjeron por primera vez, como producto de desecho, algunas células vegetales hace, digamos, alrededor de tres millones de años, ocasionó una crisis para todas las demás formas de vida: […] estaban contaminando el ambiente con un veneno letal, […] exhalando gas mortífero y aumentando su concentración. Un planeta como Venus tiene menos del 1% de oxígeno. En la Tierra, la concentración estaba ascendiendo con rapidez: 5%, 10% hasta, finalmente, 21%. […] ¡La Tierra tenía una atmósfera de veneno puro, incompatible para la vida.
—¿Entonces, qué es lo que quiere probar? ¿Que los contaminantes modernos se van a incorporar también?
—No: mi tesis es que la vida […] se puede cuidar a sí misma. Para la mentalidad de un ser humano, cien años es mucho tiempo. Cien años atrás no teníamos automóviles, aviones, computadoras ni vacunas… Era un mundo muy diferente. Pero, para la Tierra, cien años no es nada. Un millón de años no es nada. Este planeta vive y respira en una escala mucho mayor. No nos podemos imaginar sus lentos y poderosos ritmos, y carecemos de la humildad para intentarlo. Hemos sido residentes de este planeta en el tiempo de un abrir y cerrar de ojos. Si mañana desaparecemos, la Tierra no nos va a extrañar.
—Y no sería nada raro que hubiéramos desaparecido —dijo Hammond encolerizado.
—Sí —admitió Malcom —. No sería nada raro.
—Entonces, ¿qué está diciendo? ¿Que no nos debe preocupar el ambiente?
—No, claro que no. […] Seamos claros: el planeta no está en peligro. Nosotros estamos en peligro. No tenemos el poder para destruir el planeta… ni para salvarlo. Pero podríamos tener el poder de salvarnos a nosotros mismos.

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